Hoy me dejaré caer, me tiraré a la nada, encontrare el vacío que refleja mi alma, tendré las alas cortas en ese inmenso lugar, ausente de todo, lleno de nada.
Hoy no tornaré a casa, no voy a preocuparme por sentir nada, ¡que ansia!, ¡que bueno!, ¡que miedo!, ¡que alegría!, ¡que dolor!, que tristezas me persiguen, que alegrías me acorazan, que días han llegado a mí, a mí que ahora no quiero nada.
Quiero entregarme a ti ¡Oh grande y dulce desesperanza!, me has convidado de tus mieles que ni me envilecen ni me agigantan, lo mismo me da no encontrarte que esperarte ilusionada.
Lo de hoy es juego que mata, que si encuentro lo que quiero los otros no tienen nada, que si quiero que lo tengan, debo dar lo que me falta, así es el mundo que siento, así la vida nos ata.
Y si busco los porques, los pudiera, los quisiera, me quedaría igual, con promesas, ilusiones e hipocrecias tiranas, no quiero porque no puedo, porque aunque pudiera me acabara, de dar todo, de obtener nada.
Si piensan que hago alegoría a mi desfortuna intentando encontrar compasión, sólo digo que equivocados están, que he intentado vagamente retratar mi alma.
AUTOR: EURÍDICE GARCÍA.
martes, 9 de marzo de 2010
MIEDOS
Tuve miedo de verte
incontenibles nervios
de siquiera encontrarte.
Tuve miedo de hablarte
temerosas ganas
de por lo menos escucharte.
Tuve miedo de besarte
incesante calor inhibido
de poder tocarte.
Tuve miedo de enamorarme
locura perseguida en mi cabeza
de abrazarte y empezar a amarte.
Estos y otros miedos
acudían a cobijarme
pues no quería que
un día como este llegara de repente.
Era miedo anticipado
de saber que existías
y que de tí había de enamorarme.
Ese temor frustrante
de pensar que tal vez
un día podría perderte.
Temor agonizante
de no saber vivir sin tí
de la pena de no respirarte.
De desear tocarte
y que no estés
para siquiera escucharte.
Tengo miedo frustrante
porque ahora no quiero
tener que olvidarte.
incontenibles nervios
de siquiera encontrarte.
Tuve miedo de hablarte
temerosas ganas
de por lo menos escucharte.
Tuve miedo de besarte
incesante calor inhibido
de poder tocarte.
Tuve miedo de enamorarme
locura perseguida en mi cabeza
de abrazarte y empezar a amarte.
Estos y otros miedos
acudían a cobijarme
pues no quería que
un día como este llegara de repente.
Era miedo anticipado
de saber que existías
y que de tí había de enamorarme.
Ese temor frustrante
de pensar que tal vez
un día podría perderte.
Temor agonizante
de no saber vivir sin tí
de la pena de no respirarte.
De desear tocarte
y que no estés
para siquiera escucharte.
Tengo miedo frustrante
porque ahora no quiero
tener que olvidarte.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
